15.07.04

Los Objetivos

por Larry Correo electrónico  817 palabras

Este corto artículo responde a la tal vez fastidiosa pero necesaria tarea de responder a la pregunta: ¿Por qué diablos te tomas la molestia de perder el tiempo de escribir sobre el libertarianismo? que me imagino la gente que llega a esta publicación digital se hará.

Primero que todo, no es una molestia, por el contrario es una especie de entretenimiento y, si se quiere, exploración de hasta qué punto he llegado a comprender las bases y las implicaciones de la doctrina liberal. Una vez satisfecho el ego, me mueve un interés de comunicar y divulgar en la medida de lo posible todo lo que he estado aprendiendo sobre esta maravillosa filosofía política y más que todo de la vida y del hombre. ¿Y por qué? tal vez se siguan preguntando, y es allí donde viene la parte egoísta de toda actividad. He llegado a convencerme de que Venezuela es un país socialista y debido que he llegado a comprender el por qué del fracaso estrepitoso que ha experimentado el socialismo en todos los países en los que se ha puesto en práctica, entiendo que algo se debe hacer. Una vez convencido de que la ideología predominante en Venezuela es de tendencia socialista (ya sea que se esté en el gobierno o en la oposición), uno se da cuenta de que el problema del país no es Chávez, porque los que vendrán después de él no tienen nada más en la cabeza sino la idea del Estado interviniendo en todos los quehaceres de la vida diaria de los venezolanos, repartiendo comida, dando empleo, reparando las calles, curando a los enfermos, "educando" a nuestros niños y un largo, largo etcétera. De manera que un cambio de presidente no arregla nada, simplemente prolonga la agonía y la hace más dolorosa. Lo que se impone en Venezuela es un cambio radical, una verdadera revolución que le devuelva, o que le entregue por primera vez en la historia, al pueblo venezolano el poder real de decidir y dirigir su vida hacia donde mejor le parezca. Estoy hablando de una revolución liberal, que deponga de una vez por todas el poder del estado para intervenir en nuestros asuntos personales.

Ningún régimen se puede mantener sin el consentimineto de los gobernados y es claro que en Venezuela la gran mayoría acepta, aunque sea implícitamente, la idea de que el estado es un proveedor de servicios, protector de sus derechos, constructor de sus casas, educador de sus hijos y guardian de sus sueños. Mientras no cambiemos esa mentalidad seguiremos en el estancamiento perenne en el que nos encontramos desde quién sabe cuándo

La idea es entonces la de apoyar a través de este modesto medio, la propagación de la doctrina liberaria:

  • Libertad individual.
  • Una moneda fuerte basada en un bien tangible, ya sea oro o
    plata.
  • Libertad de comercio irrestricta, tanto interna como
    externamente.
  • Política internacional no intervencionista.
  • Protección de la propiedad en todas sus formas.

Todos estos son objetivos compatibles con los principios libertarios y más aún son una consecuencia lógica necesaria de la validez absoluta del principio de no agresión y podrían resumirse en la necesidad de lograr abolir de la
sociedad venezolana, tan pronto como sea posible, cualquier rastro de colectivismo y estatismo. Lo más importante es que de lograrse esto, Venezuela daría un salto gigantesco en prosperidad, puesto que se liberarían las fuerzas creativas y deslastraríamos al productor (léase trabajador o empresario) de ese Mamut en que se ha convertido el estado venezolano.

Estoy convencido de que la derrota del estado Leviatán es posible y, más aún que es factible lograrla en un período razonable de tiempo. La otra opción es la debacle a la que fueron conducidos los pueblos de Europa Oriental, la Unión Soviética, China, Corea del Norte y Cuba, por poner algunos ejemplos.

Finalizo con una cita de no los luchadores más consistentes por la libertad durante el siglo XX, Ludwig von Mises, quien en Acción Humana escribió:

El sistema económico actual, de países que han desechado al capitalismo puede continuar indefinidamente. Su operación puede que resulte en la desintegración social, caos y miseria para los pueblos. Pero ni un nivel de vida bajo ni el empobrecimiento progresivo liquidarán automáticamente un sistema económico. Tales cosas darán paso a un sistema más eficiente sólo si la misma gente es suficientemente inteligente para comprender las ventajas que semejante cambio les traería.(...)

El objetivo es entonces mostrar las ventajas de tal viraje hacia más libertad individual, es decir, hacia una mayor prosperidad para todos

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